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La Ley 368-22 existe… ¿por qué la República Dominicana sigue creciendo sin ordenamiento territorial?

La planificación ya no es ideológica, es científica y medible: hoy la tecnología permite decidir con datos, no con improvisación.

10 febrero 2026
in Actualidad, Noticias, Orientación, Reportaje
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La Ley 368-22 existe… ¿por qué la República Dominicana sigue creciendo sin ordenamiento territorial?

Aquí surge una interrogante que merece más debate público:

La República Dominicana cuenta desde 2022 con la Ley 368-22 sobre Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos, una legislación moderna diseñada precisamente para:

  • organizar el crecimiento,
  • coordinar planificación nacional, regional y municipal,
  • ordenar el uso del suelo,
  • proteger recursos estratégicos,
  • y promover desarrollo sostenible.

Entonces, la pregunta es directa:

¿Por qué esta ley aún no se ha implementado con la urgencia y rigurosidad que el país necesita?

¿Por qué seguimos viendo crecimiento desarticulado cuando ya existe un marco jurídico que obliga a planificar?

Porque una ley sin ejecución es solo papel.
Y un país sin planificación efectiva es solo improvisación institucionalizada.

La planificación no es política: es técnica

El ordenamiento territorial no es un ejercicio ideológico ni partidista.
Es una ciencia multidisciplinaria que integra:

  • ingeniería,
  • urbanismo,
  • economía,
  • medio ambiente,
  • sociología,
  • gestión pública,
  • datos y prospectiva.

Por eso, su implementación no puede depender únicamente de criterios políticos.

Debe estar bajo la responsabilidad de técnicos con competencias probadas, experiencia y formación especializada.

Cuando decisiones territoriales complejas se toman sin base técnica:

  • se desperdician recursos,
  • se multiplican errores costosos,
  • y se compromete el futuro de generaciones enteras.

La planificación estratégica requiere profesionales, no improvisación.

El rol del ciudadano: votar también es planificar

Este debate no es solo de expertos.

También interpela al ciudadano común.

Porque cada ciclo electoral se escuchan promesas:

  • más obras,
  • más proyectos,
  • más construcción.

Pero casi nunca se escucha:

  • cómo se integrarán,
  • bajo qué modelo territorial,
  • con qué planificación técnica,
  • con qué sostenibilidad financiera y ambiental.

El ciudadano tiene hoy una responsabilidad clave:

filtrar propuestas.

Preguntar:

  • ¿existe un plan territorial?
  • ¿hay sustento técnico?
  • ¿se habla de ordenamiento, movilidad, agua, servicios, sostenibilidad?
  • ¿o solo de obras aisladas?

Votar también es elegir entre planificación o improvisación.

La planificación debe ser política de Estado, no de turno

Otro error recurrente es subordinar la estrategia nacional a la agenda del gobierno de turno.

Cada administración redefine prioridades.
Cada gestión reinventa planes.
Cada período político empieza de cero.

Así ningún país avanza.

La planificación territorial debe ser:

  • estable,
  • técnica,
  • continua,
  • y respetada más allá de ciclos electorales.

Debe ser una política de Estado, no una herramienta política.

Porque cuando lo político se impone sobre lo técnico, el territorio paga las consecuencias.

La verdadera amenaza al desarrollo

La mayor amenaza para el progreso dominicano no es la falta de inversión extranjera.
No es la falta de talento.
No es la falta de oportunidades.

Es más silenciosa:

ser dirigidos por autoridades que no entienden que sin infraestructura estratégicamente planificada no hay desarrollo sostenible.

Los países que hoy admiramos no crecieron improvisando.

Planificaron primero.
Construyeron después.

 Planificar hoy ya no es intuición: es ciencia y tecnología

Pero hay otro elemento que el debate público casi nunca menciona, y que resulta decisivo en el siglo XXI.

Hoy planificar ya no depende únicamente de estudios tradicionales o diagnósticos generales.
Hoy planificar es, ante todo, gestionar información en tiempo real.

La buena noticia es que la República Dominicana ya no necesita adivinar su desarrollo territorial.

La tecnología actual permite tomar decisiones basadas en datos, no en improvisación.

Hoy existen herramientas que hace apenas diez años eran impensables para la gestión pública:

  • BIM (Building Information Modeling) para simular infraestructuras antes de construirlas.
  • GIS (Sistemas de Información Geográfica) para mapear con precisión el uso del suelo, servicios y riesgos.
  • Datos LiDAR y fotogrametría para modelar ciudades y territorios en 3D con exactitud centimétrica.
  • IoT (sensores inteligentes) para monitorear agua, tránsito, energía y residuos en tiempo real.
  • Big Data y analítica predictiva para anticipar crecimiento, demanda de servicios y movilidad.

Con estas herramientas, los errores ya no deberían costar millones.

Se pueden:

  • simular escenarios antes de invertir,
  • proyectar tráfico antes de construir vías,
  • calcular demanda de agua antes de expandir barrios,
  • anticipar riesgos ambientales antes de urbanizar,
  • y optimizar recursos públicos con base técnica.

Es decir, la improvisación dejó de tener justificación.

Hoy, cuando una obra se ejecuta sin estudios, sin datos y sin modelación, no es por falta de herramientas.

Es por falta de gestión.

El reto no es tecnológico, es humano

Sin embargo, disponer de tecnología no es suficiente.

El verdadero desafío está en las capacidades del Estado.

De poco sirve contar con leyes modernas y herramientas digitales si:

  • el personal técnico no está capacitado,
  • los equipos municipales no dominan estas metodologías,
  • la administración pública no se actualiza,
  • o si la toma de decisiones sigue dependiendo únicamente de criterios políticos.

El desarrollo sostenible del país exige algo más profundo:

modernizar las competencias del capital humano del sector público.

Necesitamos:

  • técnicos formados en planificación territorial moderna,
  • profesionales en datos y modelación,
  • gestores urbanos digitales,
  • ingenieros y urbanistas capacitados en BIM–GIS,
  • equipos municipales con habilidades tecnológicas reales.

Porque la ciudad del siglo XXI no se gestiona con herramientas del siglo XX.

Planificar con datos es gobernar con responsabilidad

Los países que hoy avanzan entendieron algo esencial:

no se planifica por intuición,
no se planifica por ocurrencias,
no se planifica por presión política.

Se planifica con evidencia.

Con datos.

Con simulaciones.

Con ciencia.

La tecnología ya existe.
El conocimiento ya existe.
Los marcos legales ya existen.

Lo único que falta es decisión institucional para utilizarlos.

Una oportunidad histórica para el proyecto país

La República Dominicana tiene hoy una oportunidad extraordinaria:

combinar legislación moderna, inversión creciente y tecnología disponible para dar el salto hacia una gestión territorial inteligente.

Pero ese salto no ocurrirá solo.

Requiere liderazgo técnico, profesionalización del Estado y visión de largo plazo.

Porque en esta época, gobernar sin datos no es solo ineficiente.

Es irresponsable.

Una reflexión final

La República Dominicana no necesita solo más obras.
Necesita mejores decisiones.

No necesita más anuncios.
Necesita más planificación.

No necesita improvisación.
Necesita visión de largo plazo.

Porque al final, el desarrollo no depende de cuánto se construya,
sino de qué tan inteligentemente se planifique lo que se construye.

Sin planificación, no hay progreso.
Solo crecimiento frágil.

Y el crecimiento frágil nunca dura.

Por: Samuel Abreu Marcelo: Máster en Urbanismo Sostenible y Ciudades Inteligentes / Máster BIM Internacional en Infraestructuras / Especialista en Ordenamiento Territorial / Docente de Metodología BIM y SIG aplicados al Ordenamiento Territorial con Inteligencia Artificia
Tags: Desarrollo SostenibleInfraestructura PúblicaLey 368-22Ordenamiento TerritorialPlanificación UrbanaRepública Dominicana
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