Por Samuel Abreu Marcelo
Máster en Urbanismo Sostenible y Ciudades Inteligentes
Verón-Punta Cana atraviesa una crisis silenciosa que, a diario, amenaza la vida de sus ciudadanos: el caos vial. Cada mañana, miles de personas salen a cumplir con sus responsabilidades con la incertidumbre de no saber si regresarán con bien a sus hogares. Esta no es una exageración, es una realidad que vivimos quienes nos desplazamos por calles mal planificadas, saturadas, sin regulación ni respeto por las normas más básicas de tránsito.
El problema es estructural, pero no imposible de resolver. Y para ello se requiere voluntad, visión técnica y compromiso ciudadano. En primer lugar, es urgente que las autoridades locales y nacionales tomen la decisión de implementar la malla vial propuesta en el documento de consulta del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Verón Punta Cana. Ese documento no es solo una propuesta técnica, es una hoja de ruta para salir del desorden actual y garantizar una movilidad más segura, fluida y humana.
Sin embargo, el POT no puede quedarse solo en el papel. La ejecución debe complementarse con el cumplimiento de criterios ya establecidos en la Ley de Urbanización y Ornato Público, que desde hace décadas exige que todo desarrollo urbano contemple soluciones viarias adecuadas. El acelerado crecimiento inmobiliario en Verón Punta Cana está siendo alimentado por proyectos habitacionales que no garantizan conectividad, ni accesos seguros, ni planificación vial. Esto es insostenible.
Además, las instituciones responsables del cumplimiento de las normas de tránsito deben fiscalizar con un objetivo claro: educar y ordenar, no simplemente recaudar. Es momento de aplicar un régimen de consecuencias reales para quienes violan las normas y ponen en riesgo la vida de los demás. La falta de disciplina y la permisividad han creado una cultura vial peligrosa, que solo cambiará si se imponen límites firmes.
A esto se suma otra obligación ineludible: garantizar las señalizaciones viales requeridas por la Ley de Tránsito y Seguridad Vial. Las autoridades competentes deben instalar, mantener y supervisar las señales adecuadas en las vías públicas. Estas no solo orientan el tránsito, también cumplen una función educativa permanente, recordando a conductores y peatones cómo deben actuar en el espacio vial. Exigir cumplimiento sin garantizar señalización es una contradicción; por tanto, un entorno bien señalizado contribuye activamente a reducir excusas, mejorar la conducta en la vía y salvar vidas.
Pero también hay que decirlo: los conductores tenemos una cuota de responsabilidad. No todo depende del Estado. En esta red vial colapsada y caótica, el mínimo gesto de cortesía, la autorregulación y el respeto a los demás pueden marcar la diferencia entre llegar con vida… o no.
Un hecho ocurrido recientemente en la transitada Avenida Barceló lo deja claro. Una ambulancia quedó atrapada detrás de una “guagüita” del transporte público que, en su intento por evadir el congestionamiento, bloqueó el carril de emergencia. El vehículo de salud tuvo que detenerse, perdiendo segundos que pudieron ser vitales. ¿Cuántas veces más veremos escenas como esta sin que nada cambie?
No podemos seguir respondiendo a un problema colectivo con soluciones individuales. Si cada quien sigue resolviendo sus urgencias por cuenta propia —adelantando de forma imprudente, invadiendo carriles, rompiendo normas— terminaremos destruyéndonos entre nosotros.
El reto es enorme, sí, pero no imposible. La tecnología, la planificación moderna y la experiencia internacional ya nos ofrecen soluciones innovadoras. Lo que falta es que las autoridades políticas confíen más en los técnicos, en las propuestas serias y sostenibles. Y que la ciudadanía entienda que el respeto por la movilidad es, en esencia, respeto por la vida.
Soluciones integrales desde la experiencia técnica
Con base en mis competencias como Máster en Infraestructuras Urbanas Inteligentes y Urbanismo Sostenible, Máster en BIM Management en Infraestructuras y Técnico en Planificación Territorial, propongo un conjunto de soluciones prácticas y aplicables en Verón Punta Cana:
- Implementación de un modelo digital BIM para la infraestructura vial: Esto permitirá simular, coordinar y planificar la ejecución de la red vial desde el diseño hasta la operación, optimizando costos, tiempos y calidad.
- Jerarquización funcional de la red vial urbana: Reestructurar las vías existentes en función de su nivel de servicio, movilidad y conexión, asignando funciones específicas (troncales, colectoras, locales) y priorizando la movilidad segura.
- Plan de movilidad urbana sostenible (PMUS): Integrar caminabilidad, transporte público, ciclovías y tecnología de semaforización inteligente, reduciendo la dependencia del vehículo privado.
- Microsimulaciones de tráfico: Usar herramientas digitales para modelar el comportamiento del flujo vehicular actual, evaluar escenarios de mejora y evitar soluciones improvisadas.
- Revisión y aplicación del reglamento de desarrollo urbano: Condicionar nuevos permisos de construcción a la conexión con la red vial estructurada y la provisión de equipamiento público vial.
- Educación vial con apoyo en datos: Lanzar campañas comunitarias basadas en evidencia sobre las principales causas de accidentes y malas prácticas, promoviendo un cambio cultural.
Verón Punta Cana merece moverse en paz.
Y ese cambio empieza hoy.


