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Turismo de lujo sin ciudad: la urgente necesidad de planificar antes de saturar

16 noviembre 2025
in Actualidad, Consultas, Noticias, Orientación, Reportaje
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Turismo de lujo sin ciudad: la urgente necesidad de planificar antes de saturar
Por: Samuel Abreu Marcelo: Máster en Urbanismo Sostenible y Ciudades Inteligentes / Máster BIM Internacional en Infraestructuras / Especialista en Ordenamiento Territorial / Docente de Metodología BIM y SIG aplicados al Ordenamiento Territorial con Inteligencia Artificial

En República Dominicana, el crecimiento del turismo y las inversiones inmobiliarias vinculadas al sector hotelero se ha acelerado a un ritmo sin precedentes. Ciudades como Verón Punta Cana viven una ebullición constante: cada semana se inauguran nuevos complejos residenciales de lujo, centros comerciales, industrias y espacios orientados al turismo de alto nivel. La narrativa que predomina es de desarrollo y modernidad. Pero hay una pregunta que no podemos seguir postergando:

¿Dónde queda la ciudad?

Mientras las inversiones en turismo florecen, el modelo urbano se rezaga. Las vías de acceso colapsan. Los servicios básicos escasean. Los centros de salud públicos y privados están saturados. Faltan escuelas y espacios de recreación. El sistema de drenaje pluvial es inexistente en muchas zonas. Los asentamientos informales crecen sin control, sin conectividad, ni infraestructura peatonal, ni equipamientos urbanos esenciales.

El resultado es un paisaje de contrastes: lujo para los visitantes, precariedad para muchos residentes; marketing internacional impecable, pero vacío de ciudad real.

Verón: ¿una lección ignorada?

El caso de Verón Punta Cana debería servir como referencia para planificar mejor. Con toda la riqueza generada por el turismo, el territorio no ha logrado consolidar una ciudad funcional para su población residente. En lugar de aprender de esta experiencia, pareciera que el mismo patrón se está replicando en otras zonas del país, con la misma falta de visión urbana, la misma prioridad al capital sobre la comunidad, y la misma ausencia de políticas públicas de urbanismo.

La ciudad no es un extra: es el centro

En el panorama urbano dominicano, cientos de proyectos residenciales cerrados emergen como microciudades satélites, dispersas y rodeadas del caos. Pareciera que cada desarrollador estuviera convencido de que el entorno no importa, y que todas las precariedades se resuelven con un muro perimetral, un personal de seguridad y una cuota de mantenimiento.

Estos proyectos, lejos de integrarse al tejido urbano, lo fragmentan aún más. Están diseñados de forma tal que tener un carro no es una opción, sino una obligación. Y paradójicamente, son estos mismos residentes quienes más sufren el caos del tránsito cada mañana al salir de su cerco perimetral hacia una ciudad que no les ofrece opciones.

¿No sería más lógico unificar capacidades y voluntades para construir, de una vez por todas, un Master Plan de Ciudad que garantice confort urbano, sostenibilidad y resiliencia para todos?

La ciudad no puede ser la consecuencia olvidada del éxito turístico. Debe ser pensada como la estructura que sostiene ese éxito. La movilidad urbana, el acceso a vivienda digna, los servicios públicos, el espacio público, el agua, la energía, la educación, la salud, y el ambiente urbano no pueden seguir siendo externalidades.

Un turismo sostenible necesita una ciudad funcional. Y una ciudad funcional no se improvisa: se planifica con datos, con visión, con participación ciudadana y con compromiso estatal.

Déficit técnico y voluntad política: un cuello de botella silencioso

Otro factor crítico que impide avanzar hacia una ciudad planificada y funcional es la falta de capacidad técnica en los gobiernos locales y nacionales. Muchos ayuntamientos y dependencias estatales carecen del personal calificado para formular, gestionar y ejecutar proyectos urbanos integrales. Esta carencia no solo limita la calidad de las intervenciones, sino que impide acceder a recursos de cooperación internacional que exigen rigurosidad técnica, planificación estratégica y visión a largo plazo.

A esto se suma una cultura institucional donde priman la improvisación, la burocracia, la politiquería y el interés particular sobre el interés general. Las decisiones se toman muchas veces sin diagnóstico, sin participación ciudadana y sin continuidad técnica. En este contexto, incluso los pocos fondos disponibles se ejecutan con una lógica de gasto inmediato —el viejo principio de «si no lo gasto me lo quitan»— en lugar de una lógica de inversión sostenible.

La consecuencia es clara: ciudades que crecen sin estrategia, recursos desaprovechados, oportunidades perdidas y una población que no encuentra respuestas. La planificación urbana no solo necesita leyes, necesita gente capacitada, procesos institucionalizados y gobernanza con visión de Estado.

Urbanismo para la gente, no solo para la industria

El buen urbanismo es una política pública. No es decoración ni lujo. Es garantía de sostenibilidad, de equidad, de justicia territorial. Seguir apostando a la expansión sin control es una receta para el colapso a mediano plazo.

Lo que hoy se presenta como éxito podría transformarse en frustración si no se corrige el rumbo. El verdadero desarrollo es aquel que integra ciudad y economía, que no sacrifica la calidad de vida por indicadores macroeconómicos, y que reconoce que sin ciudad no hay futuro.

Por: Samuel Abreu Marcelo: Máster en Urbanismo Sostenible y Ciudades Inteligentes / Máster BIM Internacional en Infraestructuras / Especialista en Ordenamiento Territorial / Docente de Metodología BIM y SIG aplicados al Ordenamiento Territorial con Inteligencia Artificial
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